El estuche del colegio: el sonido del cierre al empezar el día
El estuche del colegio: el sonido del cierre al empezar el día
No había mochila perfecta sin estuche a juego.
El estuche era territorio personal.
Pequeño.
Cremallera dura.
A veces doble piso.
Y ese sonido al abrirlo por la mañana.
Zzzzip.
Lo que llevaba dentro decía mucho de ti
Lápices mordidos.
Gomas Milán gastadas por la mitad.
Sacapuntas con depósito lleno de virutas.
Un boli azul que siempre fallaba.
Y el rojo, solo para títulos.
El que tenía muchos rotuladores era rico.
El que tenía bolígrafo de cuatro colores, respetado.
El que llevaba Tipp-Ex líquido, peligroso.
El intercambio constante
“¿Me dejas un boli?”
“Se me ha olvidado la regla.”
“Cámbiame esta goma que la tuya borra mejor.”
El estuche nunca estaba quieto.
Pasaba de mesa en mesa.
De fila en fila.
Siempre volvía distinto.
Las pegatinas y los dibujos
Algunos estaban llenos de pegatinas.
De equipos de fútbol.
De dibujos animados.
De nombres escritos con rotulador permanente.
Otros tenían el interior lleno de tinta explotada.
Y daba igual.
Era el mismo todo el curso.
El momento examen
Abrías el estuche con cuidado.
Colocabas el boli bueno.
La regla recta.
El lápiz recién afilado.
Y cerrabas despacio.
Como si eso ayudara a concentrarte.
Frases que siguen vivas
“¿Tienes tipex?”
“No copies.”
“Se me ha roto la punta.”
El estuche no era material escolar.
Era rutina.
Era identidad.
Era empezar el día.
Sin tablets.
Sin pantallas en clase.
Con cremallera.
Y con ese zzzzip que marcaba el inicio de todo.