Las chapas: el Mundial se jugaba en el suelo
Las chapas: el Mundial se jugaba en el suelo
No necesitábamos consola.
Necesitábamos chapas.
De refrescos.
De botellines.
De lo que fuera.
Y un suelo liso.
Preparar el equipo
Cada uno tenía su selección.
Pegábamos dentro la foto de un jugador recortada de una revista.
Un cromo.
Un trozo de papel con el nombre escrito a boli.
Luego plastilina o cinta para que pesara más.
Y listo.
Tu equipo estaba preparado.
El campo improvisado
Se dibujaban las líneas con tiza.
O con el dedo en la tierra.
Porterías hechas con dos piedras.
Y empezaba el Mundial.
Se golpeaba con el dedo índice.
Deslizabas.
Calculabas ángulo.
Si tocabas dos veces seguidas sin que otro interviniera, falta.
Las normas variaban.
La intensidad no.
Los piques
“Eso no vale.”
“Has movido la mía.”
“Repite, que estaba mal colocada.”
Discusiones serias.
Pero al día siguiente, otra vez jugando.
La concentración absoluta
Cuando quedaba una jugada para marcar…
Silencio.
Todos mirando.
Dedo preparado.
Y el disparo.
Si entraba entre las piedras, era gol.
Y el grito se oía en toda la calle.
Más que un juego
Las chapas eran imaginación.
Eran torneo.
Eran clasificación.
Eran final soñada.
Todo en el suelo.
Sin gráficos.
Sin baterías.
Con metal reciclado.
Y con ese dedo índice que todavía recuerda el gesto.